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‘La violinista’: Pasión arrebatada, placer vedado

Las vocaciones perdidas, las ilusiones interrumpidas, los sueños rotos, todo ello ha sido y es inspiración para el arte, tanto para el cine como para la literatura, el teatro, la música o la fotografía. El saber cómo empezar de cero, encontrar un nuevo centro y ese proceso de transformación y gestión de la frustración han dado lugar varias joyas imprescindibles del cine como ‘Belle de jour‘, ‘Lunas de hiel‘, ‘La pianista‘ o ‘Elle‘. Aunque ha habido títulos con protagonistas masculinos, como ‘Herida’, han sido ellas principalmente las que han sido el foco de este tipo de largometrajes.

La violinista

Por ello, no es extraño que el actor finés Paavo Westerberg para su ópera prima apostase por un relato así con ‘La violinista’, título que bien podría ser un intento de primo nórdico de ‘La pianista’ de Haneke. Karin Nordström -una hipnótica Matleena Kuusniemi– es una afamada violinista que ve su carrera truncarse tras un terrible accidente, lo que le obliga a pasar de ser el principal foco de atención del público a la mentora de la nueva cantera de violinistas.

Westerberg, que cofirma el guion de la cinta junto con Emmi Pesonen, sabe centrar la trama en ese proceso, en el que la protagonista muestra abiertamente su frustración y cómo la canaliza en una relación viciada con uno de sus alumnos, Antti, un joven ambicioso, veinte años más joven, con el que desarrollará un extraño vínculo. Por un lado, sexual, al entregarse a la pasión del manjar de la juventud, pero otro lado, profesional, pues ve en el talento de él un reflejo de la ella era y que un accidente le arrebató.

La violinista

Matleena Kuusniemi ofrece una interpretación apasionada

Es en ese tipo de vínculo donde reside el fuerte del filme, donde ‘La violinista’ se emparenta con otros títulos más contemporáneos como la magnífica ‘La profesora de piano‘ o la deslumbrante (aunque pérfida) ‘Reina de corazones‘. No obstante, a pesar de contar unas secuencias musicales que son deleite para los oídos, lo cierto es que Westerberg no sabe encontrar ese tono que sí supieron defender con Jan Ole Gerster y May el-Toukhy, faltándole un trasfondo más violento, impulsivo y perverso, lo que hace que ‘La violinista’ termine estando más cerca de la bienintencionada ‘Manjar de amor, en la que Ventura Pons narró una relación sexual entre un pianista en crisis y un pupilo demasiado ambicioso.

‘La violinista’ es un debut elegante, en el que su música de cuerda conquista al público más melómano. Sin embargo, se echa en falta más garra y malicia por parte de Westerberg, quedándose en una ópera prima simplemente correcta que logra aprobar gracias a la pasión que transmiten sus protagonistas, no solo una espléndida Kuusniemi, sino también el joven Olavi Uusivirta, que interpreta muy bien el papel de joven talentoso y bello tenebroso, interpretaciones que, si bien son sublimes, no logran por sí solas hacer que la cinta vaya a más, desafortunadamente.

Nota: 6

Lo mejor: La tórrida pasión que derrochan Matleena Kuusniemi y Olavi Uusivirta.

Lo peor: Sentir la sensación de estar viendo a la prima lejana de ‘La pianista’.

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