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‘Madeleine Collins’: Fragmentos de una mujer

Miguel de Unamuno, en su célebre ‘La tía Tula’, escribió: “Hay un amor aparente y consciente, de cabeza, que puede mostrarse muy grande y ser, sin embargo, infecundo, y otro sustancial y oculto, recatado aun al propio conocimiento de los mismos que lo alimentan, un amor del alma y el cuerpo enteros y justos, amor fecundo siempre”. Antoine Barraud da un gran salto al thriller con ‘Madeleine Collins‘, mostrada dentro de la Giornate degli Autori de la 78ª edición del Festival de Venecia.

Madeleine Collins

Tras experimentar con la ciencia ficción en ‘Les gouffres’ y regresar al drama con ‘Le dos rouge’, incluso escribir para cine de animación al ser el guionista de ‘Amarillito’, Barraud se atreve con el cine de suspense en un filme con el que el realizador parece inspirarse en clásicos como Alfred Hitchcock, pero también con contemporáneos galos como Safy Nebbou, François Ozon o Yann Gozlan. El cineasta abre su propuesta con una escena pausada que va tornándose en una secuencia angustiosa de desenlace trágico, un preludio de cómo irá convirtiéndose el filme.

‘Madeleine Collins’ sabe jugar muy bien sus cartas al crear una atmósfera que va hipnotizando al público como si fuese un encantador de serpientes y dosificando la información para que esté presente en buena parte del metraje cierta sensación de desconcierto con la que Virginie Efira juega. En cierto modo, podría decirse que su papel, el de Judith Fauvet, una intérprete y traductora que vive entre Francia y Suiza y que tiene una doble vida al tener dos relaciones sentimentales paralelas, es una reinterpretación contemporánea de la heroína de Unamuno envuelta en un thriller con tintes chabrolianos.

Madeleine Collins

Un thriller que atrapa hasta el final

Desde hace ya un tiempo, la actriz belga ha demostrado ser una de las más versátiles de la industria francesa. Ya con ‘Un amor imposible‘ mostró su afinidad para los papeles extremos, algo que terminó de confirmarse con ‘Adiós, idiotas‘ y ‘Benedetta‘. Con ‘Madeleine Collins’, Efira muestra a una mujer fragmentada, constantemente insatisfecha y persigue un anhelo ambiguo entre la suplantación de identidad y la personalidad múltiple. El guion que escriben Barraud y Héléna Klotz logra guardar esa incógnita hasta el final, logrando atrapar así al público en todo momento.

Madeleine Collins

A su lado, dos caras de la misma moneda, Bruno Salomone como el marido ingenuo que busca recuperar la chispa conyugal y el español Quim Gutiérrez como el amante despechado que rompe el frágil equilibrio de la doble vida (y personalidad) de la protagonista. Mención especial a la aparición estelar de Jacqueline Bisset, la cual ofrece un papel similar al que tuvo en ‘El amante doble‘ de François Ozon.

Ese juego del gato y al ratón con el público, Barraud ofrece uno de sus trabajos más esmerados y mejor elaborados, gracias a una protagonista ambigua cuyas pulsiones dejan al público a la libre interpretación. Un sinuoso y elegante filme de suspense que logra que sus intrigas, sospechas y giros argumentales consigan mantener al espectador pegado a la butaca, todo con el que ‘Madeleine Collins’ cumple con sus propias expectativas, volviendo a demostrar que todavía hay sitios para aquellas producciones que logran un equilibrio entre lo comercial y lo autoral. A Yann Gozlan le ha salido un competidor.

Nota: 8

Lo mejor: Cómo va dosificándose las revelaciones sobre la ambigua y fragmentada vida de su protagonista. Virginie Efira está sublime.

Lo peor: Aunque remonta en su parte final, da algún bandazo en su parte intermedia.

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